La rabia y la pena
- María José Sazie
- 19 jul
- 2 min de lectura
Cuenta la historia que en un lugar mágico existía un estanque de aguas cristalinas. Un día, la Rabia y la Pena llegaron hasta allí para bañarse juntas.
La Rabia, siempre apurada e inquieta, se desvistió rápidamente y entró al agua. Su baño fue veloz. Al salir, presa de su prisa y de esa ceguera que la caracteriza, se puso la primera ropa que encontró en la orilla, pero resultó ser la ropa de la Pena. Y así, vestida de tristeza, se fue.
Más tarde, la Pena terminó su baño con total calma, disfrutando de la serenidad del lugar y sin importarle el paso del tiempo. Al salir del agua, descubrió que su ropa ya no estaba. Como detestaba andar desnuda, no tuvo más remedio que ponerse la única prenda que quedaba en la orilla: la ropa de la Rabia.
Este cuento es de Jorge Bucay, psicoanalista y escritor.
Lo comparto porque, pese a su sencillez, pone en palabras algo que con frecuencia observo tanto en la consulta como fuera de ella.
Es común encontrarnos con personas - e incluso, en ocasiones, nosotros mismos - llenas de rabia, pero si por un momento nos detenemos a mirar un poco más allá, podemos descubrir que esa rabia puede convertirse en un disfraz; un escudo que oculta una profunda tristeza.
La rabia suele movilizarnos. Nos empuja a actuar, discutir, defendernos o alejarnos. La pena, en cambio, muchas veces nos enfrenta a la pérdida, al dolor o a la vulnerabilidad. Quizá por eso, en ocasiones, resulta más fácil permanecer en la rabia que acercarnos a aquello que realmente duele.
La rabia y la tristeza no siempre son emociones separadas. A veces forman parte del mismo proceso emocional.
Y quisiera dejarte dos preguntas para seguir reflexionando sobre este cuento.
Si te animas, me encantará leer tu respuesta en Instagram (@mariajosesazie), donde solemos continuar estas conversaciones.
¿Crees que puede pasar al revés?, es decir, ¿que la pena pueda esconder también a la rabia?
¿Crees que ambas emociones pueden coexistir sin que una disfrace a la otra?


